He pasado décadas cuidando recién nacidos, pacientes quirúrgicos en recuperación y familias que atraviesan la incertidumbre. La enfermería me ha enseñado que la habilidad clínica importa, y que también importan la calma, la compasión y la capacidad de escuchar profundamente cuando la gente tiene miedo.
En el camino he acompañado a enfermeras nuevas, enseñado a madres y padres a sentirse seguros al llevar a sus bebés frágiles a casa y trabajado en comunidades donde el idioma y la cultura forman parte del cuidado. Esas experiencias marcan cada decisión que tomo al lado de la cama.
La Enfermera del Nido existe porque la enfermería es un oficio. Cuanto más compartimos lo que hemos aprendido, más fuerte se vuelve nuestra profesión y más seguros y acompañados se sienten nuestros pacientes y sus familias.